Entre los aficionados y profesionales, existen variaciones en la apreciación del musgo en su uso como planta de acento en los bonsáis. A casi todo el mundo le gusta el musgo, pero puede añadir ciertas dificultades al cultivo de nuestros árboles. En la imagen que ilustra este artículo, se mencionan algunas de estas complicaciones.
Recientemente, he leído el ensayo «Reserva de musgo» de Robin Wall Kimmerer, publicado por la editorial Capitán Swing Libros en enero de 2024. Se trata de un libro muy ameno que hace una introducción a los musgos, una de las plantas más antiguas de nuestro planeta, para las personas que no somos botánicos. Este libro también muestra un punto de vista extraordinario sobre el mundo natural.
En este artículo, resumo lo que he aprendido sobre el musgo en el libro de la profesora Kimmerer y que puedo aplicar, de forma directa o indirecta, al cultivo de mis bonsáis. No se trata de una recapitulación detallada de todo el libro. Por una parte, hay aspectos personales en él que no deben formar parte de un resumen. En otros casos, la argumentación sobre la restauración ecológica o el daño ecológico que hace Kimmerer a través de anécdotas debe ser leída. En otros casos, incluye explicaciones muy detalladas sobre ciertos aspectos de los musgos, como la reproducción del Tetraphis pellucida, que está más allá del nivel introductorio de este artículo. Aun así, espero que mi sinopsis resulte lo suficientemente completa para conocer las características principales del musgo y cómo interactúa con el entorno en el que se encuentra.
Reserva de musgo

Las briófitas en sentido amplio (s.l.)1 son plantas no-vasculares, lo que significa que no tienen raíces ni tejido vascular, sino que absorben agua y nutrientes del aire a través de toda su superficie, como por ejemplo por sus hojas2 3.
El término briófitas engloba a los musgos, hepáticas y antocerotas. En concreto, a los musgos se les denomina también briófitas en sentido estricto o muscíneas, y constituyen la clase Musci4.
Las briófitas son las plantas terrestres más primitivas y más simples. No tiene flores, ni frutos, ni semillas, y carece de raíces. Tampoco tiene sistema vascular, ni xilema o floemas interiores para transportar el agua.
Durante el Devónico5, hace trescientos cincuenta millones de años, las primeras plantas terrestres emergieron del agua para tratar de sobrevivir en la tierra. Estas pioneras fueron los musgos.
Cuando nos referimos al musgo, no se trata de una especie única, sino de 12.000 especies distintas6. Los hay con hojas como helechos en miniatura, tramas de pluma de avestruz o mechones como el pelo de un bebé.
Además, una roca puede estar cubierta de una especie de musgo, o de muchas de ellas.
A veces, la palabra musgo se aplica a plantas que no lo son, como el musgo de los renos que es un liquen, el musgo marino es un alga o el musgo de garrote que es una planta Lycophyta.
Por otro lado, los musgos son pequeños porque carecen de sistema de soporte que les permita mantenerse erguidos. Además, si midieran unos centímetros más, tampoco podrían hidratarse, al carecer de sistema para transportar agua desde el suelo hasta las hojas superiores.
En otro orden de cosas, la clorofila de las hojas de los musgos es distinta a la de los árboles, que acaparan todo el sol. La clorofila de los musgos se ha adaptado para absorber longitudes de onda de luz que se filtra entre el dosel arbóreo.
Hábitat de los musgos: la capa límite
El hábitat de los musgos es superficial. Se trata de ese pequeño espacio en el que la tierra y la atmósfera entran en contacto, lo que se conoce como la capa límite. Cualquier superficie, ya sea la de una hoja o la de una colina, posee capa límite.
En la capa límite, la velocidad del viento se reduce y la temperatura aumenta. El sol calienta el suelo y la ausencia de brisa en la superficie permite conservar el calor durante más tiempo. Por tanto, el clima junto al suelo es distinto al que hay un metro ochenta más arriba. Este efecto se repite en cada superficie.
Por otro lado, el aire interactúa de múltiples maneras con aquello que toca.

Sin obstáculos, el aire tiende a desplazarse de manera lineal, uniformemente, en lo que se conoce como flujo laminar.
No obstante, cuando el aire se encuentra con una superficie, la fricción ralentiza el aire en movimiento. Así, el flujo laminar se ve perturbado por el rozamiento de la superficie y la corriente de aire se separa en capas que se desplazan a distintas velocidades. En las capas superiores, el aire se mueve rápidamente y fluye en una lámina lisa. Por debajo de estas, se produce una zona de turbulencias donde el aire se arremolina y revuelve al toparse con los obstáculos. Más abajo, cerca de la superficie, el aire se mueve cada vez más lento, hasta que, en contacto con ella, se encuentra prácticamente inmóvil, capturado por la fricción.
La capa límite también captura la humedad que se evapora de las superficies, como el sustrato o el tronco de un árbol. Así se crea la zona húmeda donde viven los musgos. Estos solo pueden vivir cuando están empapados. En cuanto se secan, la fotosíntesis cesa y se detiene el crecimiento. Por este motivo, el crecimiento de los musgos es tan lento.
Por tanto, al vivir en la capa límite, los musgos se encuentran en un hábitat cálido y húmedo al que las plantas más grandes no pueden acceder.
Además del vapor de agua, la capa límite puede retener otros gases. Así, la composición química de la atmósfera en la estrecha capa límite difiere bastante del entorno que le rodea. Por ejemplo, la atmósfera sobre la superficie de un tronco es distinta de la del bosque que lo rodea. Si el tronco está en descomposición, sustentará la vida de distintos microorganismos. Los hongos y bacterias descomponen el tronco en humus, que a su vez libera dióxido de carbono. Este gas queda atrapado en la capa límite. En la atmósfera hay aproximadamente una concentración de dióxido de carbono de 380 partes por millón. Sin embargo, la capa límite sobre un tronco puede contener hasta diez veces más esta cantidad.
Por consiguiente, la capa límite no solo genera un microclima favorable para el crecimiento del musgo, sino que también proporciona un mayor aporte de dióxido de carbono para la fotosíntesis.
Por otro lado, si los vástagos del musgo saliesen a la zona turbulenta, se deshidratarían.
Nótese que la variedad de altura de los musgos es inmensa, lo que suele poner de manifiesto diferencias en la profundidad de la capa límite de un hábitat concreto. Así, la capa límite en la cara de una roca expuesta al viento y al sol es bastante estrecha, de ahí que los musgos que habitan en lugares tan áridos deban ser pequeños, limitándose a las dimensiones y protección de la capa. Por el contrario, los musgos adheridos a una roca en un bosque húmedo pueden crecer mucho más sin abandonar el microclima que les es favorable, pues el bosque protege la roca. Los bosques detienen el viento y su sombra reduce la evaporación, protegiendo la zona contra los agentes de la atmósfera que resecarían el ambiente, y ampliando de facto la capa límite.
Los musgos también pueden controlar las dimensiones de la propia capa límite, alterando su fisonomía. Cualquier elemento superficial que incremente la fricción con el aire en movimiento puede ralentizarlo para crear una capa límite más ancha. Una superficie áspera ralentiza el paso del aire de manera más efectiva que una lisa.
Los vástagos del musgo presentan adaptaciones que ralentizan el movimiento del aire. Muchas especies presentan hojas largas y estrechas que brotan hacia arriba para detener el aire a su alrededor. Además, las hojas de musgo en ambientes secos suelen poseer una especie de vello denso, puntas de hoja largas y reflectantes o púas minúsculas. Estas extensiones de la superficie de la hoja también ralentizan el flujo de aire y reducen la evaporación del agua.
En las zonas áridas, los musgos suelen obtener su ración diaria de agua del rocío. La interacción de la atmósfera y la superficie de la roca favorece su formación. Por la noche, cuando el calor del sol se disipa, la diferencia de temperatura entre la superficie de la roca, que ha retenido algo de calor, y el aire puede favorecer la condensación de la humedad.
Por otro lado, el color negro de los musgos que crecen a pleno sol se debe a las antocianinas, unos pigmentos que protegen la planta de los rayos de la radiación ultravioleta.
El agua y los musgos
Como ya se ha mencionado, para que los musgos puedan hacer la fotosíntesis, tienen que estar húmedos. Una fina capa de agua sobre la hoja del musgo permite que el dióxido de carbono se disuelva y acceda a la hoja, de modo que el agua, el aire y el dióxido de carbono se convierten en azúcares. Sin agua, un musgo seco es incapaz de crecer.
Al carecer de raíces, el musgo no puede acceder a las reservas de agua de la tierra, por lo que su supervivencia depende de la lluvia y de la humedad ambiental. Por tanto, se dice que los musgos son poiquilohídricos. Dicho de otra manera, su nivel de hidratación está en equilibrio con la humedad ambiental. No regulan activamente su nivel de agua interna. De este modo, cuando están empapados, los musgos absorben el agua y crecen considerablemente. Cuando el aire se seca, el musgo también lo hace, hasta deshidratarse por completo.
En los musgos, la deshidratación es una interrupción temporal de la vida. Pueden perder hasta el 98% de la humedad y sobrevivir, recuperándose cuando vuelven a entrar en contacto con el agua. Hay musgos que han revivido en una placa de Petri tras cuarenta años de deshidratación en un herbario.
Cuando la falta de agua encoge las hojas del musgo, en la bioquímica de las células comienzan los preparativos para la deshidratación. El musgo suspende las funciones esenciales y guarda los elementos básicos. En la membrana de la célula se produce un cambio que permite encogerse a la célula y colapsar sin sufrir daños irreparables. Las encinas de reparación celular se sintetizan y se almacenan para que estén disponibles en el futuro. Contenidas en la membrana, estas enzimas pueden restaurar las células y devolverles su vigor cuando la lluvia regrese.
Por imperativo evolutivo, las plantas de musgo nunca se encuentran solas: siempre crecen en colonias. Si estuvieran aislados, los vástagos se secarían.
El espesor de las paredes de las hojas de los musgos es de una sola célula. Carecen de la fina capa de cera que impide que el agua entre por absorción o que se desvanezca por evaporación que la mayoría de las hojas de los árboles sí tienen en sus hojas.
Además, los musgos dependen por completo de que el agua pueda transportarse por las superficies. Controlan el movimiento hídrico gracias a la atracción entre el agua y las superficies. Se aprovechan de la fuerza de adhesión y cohesión del agua para conducirla a su antojo y sin gastar energía.
Los musgos pueden sentir el agua que les permite crecer y ajustar el ángulo óptimo de la hoja para realizar la fotosíntesis.
En cuanto a los nutrientes, los musgos obtienen todos los minerales que necesitan de la lluvia.
Reproducción de los musgos
Los musgos se pueden reproducir de dos formas:
- Sexual, mediante esporas, propágulos diminutos como motas de polvo que necesitan que el viento, el agua o los animales transporten lejos de su lugar de origen. La mayoría de las esporas no pueden germinar entre la trama ocupada de sus progenitores.
- Asexual, regenerándose por completo a partir de un fragmento pequeño. Dependiendo de la especie, tiene distintas estrategias para formar esquejes.
Por otro lado, los musgos poseen un vínculo muy intenso con el lugar en el que crecen. Solo pueden desarrollarse allí donde nacen. Sus vidas dependen de la labor de generaciones previas de líquenes y musgos, que trabajaron la roca para convertirla en su hogar.
El ecosistema del musgo
Como una selva en miniatura, las matas de musgo contienen un ecosistema microscópico.
Los animales del bosque de musgo están interconectados por complejas redes tróficas7: hay herbívoros, carnívoros y depredadores.
Por un lado, las bolsas de agua en la hoja del musgo permiten la existencia de rotíferos8.
Además, algunos insectos frecuentan las zonas elevadas, secas y abiertas de las matas, y otros, como los colémbolos9, prefieren refugiarse en las profundidades húmedas de los rizoides inferiores.
En la base del musgo, quedan atrapados tierra, fragmentos de hojas, organismos muertos y esporas, que forman el suelo. La materia orgánica en descomposición acoge filamentos fúngicos, de los que se atiborran los colémbolos. Esta acumulación de estos restos en descomposición ofrece un ancla para que las plantas enraícen.
Cuando observamos el bosque de musgos al microscopio, podemos apreciar nítidamente puntos de colores brillantes entre las ramas: son los ácaros. Dependiendo del tipo de ácaro, buscan algas, esporas y protozoos de los que alimentarse. Es decir, algunos son depredadores de otros invertebrados y otros se alimentan de las hojas del musgo.
Entre los vástagos del musgo también encontramos pseudoescorpiones10, que se esconden entre las hojas muertas esperando a sus presas.
También hay carábidos, escarabajos de coraza dura y brillante, que utilizan sus pinzas para atrapar invertebrados.
En las ramas de los musgos, yacen larvas de insecto que cazan a otros organismos.
Para hacernos una idea, en un gramo de musgo del suelo del bosque hay unos ciento cincuenta mil protozoos11, ciento treinta y dos mil osos de agua12, tres mil colémbolos, ochocientos rotíferos, quinientos nematodos13, cuatrocientos ácaros y doscientas larvas de mosca.
Por otro lado, los musgos no son solo epífitas14 de otras plantas, sino que también acogen a las suyas propias. Así, entre las hojas de musgo puede haber discos dorados de algas unicelulares. También podemos encontrar hilos de hepáticas diminutas enrolladas alrededor de los tallos. Y aferradas a los rizoides del musgo, hay esporas de diversos colores y granos de polen.
Los árboles y los musgos
Durante el invierno y mientras llueve, los musgos que recubren el tronco de un árbol están empapados. El agua gotea del musgo a las raíces del árbol en un flujo constante, saturando el suelo y cargando las reservas para el verano.
Cuando los musgos cubren el tronco de los árboles, estos continúan empapados mucho tiempo después de que la lluvia haya cesado, liberando gradualmente el agua que calló días o semanas antes.
Las paredes celulares de los musgos son ricas en pectina, el mismo compuesto que, por su capacidad de retención de agua, se añade a las fresas para espesar la mermelada. La pectina permite a los musgos absorber vapor directamente de la atmósfera. Aún sin lluvia, los musgos que se encuentran bajo las copas de los árboles recogen el agua y la expulsan en forma de gotas hasta la tierra, poco a poco, manteniendo la humedad del suelo y favoreciendo el crecimiento de los árboles.
Por otro lado, las micorrizas son un tipo de hongo que viven en simbiosis con las raíces de los árboles (recomiendo la lectura de «La red oculta de la vida» de Merlin Sheldrake entre mis recursos preferidos para aprender a hacer bonsái). Los árboles acogen a estos hongos y los nutren con los azúcares resultantes de la fotosíntesis. A cambio, los hongos extienden el micelio filamentoso por la tierra y obtienen nutrientes para el árbol. Recientemente, se ha descubierto que la densidad de las micorrizas es significativamente más alta bajo una capa de musgo. El suelo desnudo resulta mucho menos hospitalario para este tipo de asociación. Es posible que esta preferencia de las micorrizas por el musgo se deba a la humedad homogénea y al almacén de nutrientes que hay bajo la alfombra de musgo.
En otro orden de cosas, el agua que gotea directamente de las ramas y hojas de un árbol al suelo (o pluviolavado) arrastra el fósforo de las acículas de las píceas hacia los musgos de la tierra. Allí se almacena hasta que las micorrizas asoman sus filamentos en el interior de la cubierta de musgo. Las hifas de las micorrizas, en forma de hilos, y las enzimas extracelulares, absorben el fósforo del tejido muerto de los musgos. Los mismos hongos que unen sus hifas al musgo también conectan con las raíces de las píceas, formando así un puente entre el musgo y el árbol. Así, el fósforo vuelve a las píceas, reciclándose.
Por último, es importante saber que los musgos no colonizan la corteza desnuda de los árboles. Crecen en las cicatrices foliares (lugar donde el año anterior nació una hoja), en el nacimiento de las yemas, en las lenticelas15 y sobre otros musgos que crecieran sobre el árbol previamente.
Restauración ecológica y contaminación
Los musgos poseen una capacidad extraordinaria para eliminar las toxinas del agua, uniéndolas a las paredes de la célula.
Por otro lado, un techo de musgo puede proteger las tejas para que no se agrieten y se deformen por la exposición excesiva del sol. El musgo añade una capa de refrigeración en verano y, cuando llegan las lluvias, ralentiza la escorrentía del agua. Además, los techos de musgo son hermosos.
Tanto los musgos como los líquenes son muy sensibles a la contaminación. La densidad de las hojas de los musgos es de una sola célula, de modo que se encuentran en contacto directo con la atmósfera. Cuando el aire está limpio, eso supone una ventaja, pero resulta desastroso en zonas contaminadas. El agua transforma el dióxido de azufre en ácido sulfúrico y el óxido nitroso, que emiten los coches, se vuelve ácido nítrico. Así, la hoja de musgo se ve bañada en ácidos y el tejido se muere.
Las distintas especies de musgo toleran niveles diversos y bastante predecibles de contaminación. De este modo, las variedades de musgo presentes en un árbol sirven como medida de la calidad del aire.
Y ahora, ¿qué?
La lectura del libro de Robin Wall Kimmerer «Reserva de musgo» me ha descubierto los musgos, que son infinitamente más interesantes de lo que nunca hubiera pensado. Además, son elementos claves en los ecosistemas en los que se encuentran y pueden jugar un papel fundamental en la restauración ecológica, tan necesaria en la situación de alerta climática en la que vivimos. Si tienes ocasión, te recomiendo que tú también lo leas y no te quedes solo con este resumen.
Además, saber más sobre los musgos me permite tomar una decisión más informada de cuándo, dónde o cómo usar los musgos en mis bonsáis. Espero que a ti también te ayude.
Por último, si crees que falta algo en este artículo, añádelo en los comentarios.
Notas de Aprendiz de Bonsái
- Bryophyta sensu lato. (30 de agosto de 2024). Wikipedia, la enciclopedia libre. Fecha de consulta: 25 de diciembre de 2024. ↩︎
- Vanessa Crooks (2021). «Briófitas. Pequeñas plantas en un gran mundo cambiante«. Smithsonian. Tropical Research Institute. Fecha de consulta: 25 de diciembre de 2024. ↩︎
- La profesora Kimmerer se refiere de manera informal durante todo el libro a las hojas y vástagos (tallos) de los musgos. No obstante, en los musgos y un grupo de hepáticas con hojas, los «tallos», «hojas» y «raíces» cumplen las mismas funciones que en las plantas vasculares, pero no tienen el mismo origen evolutivo. De ahí, que en se les denomine de forma diferente: a los «tallos» o «vástagos» los llamamos caulidios, las «hojas» se designan como filidios y las «raíces» son los rizoides.
Lo mismo ocurre con las «flores»: los grupos de arquegonios («flores» femeninas) se denominan periquecios, y los grupos de anteridios («flores» masculinas), perigonios.
Jesús Muñoz (2023). Página 19. Guía de campo: briófitos de los bosques ibéricos. Editorial CSIC. Fecha de consulta: 26 de diciembre de 2024. ↩︎ - Bryophyta sensu stricto. (26 de octubre de 2024). Wikipedia, la enciclopedia libre. Fecha de consulta: 25 de diciembre de 2024. ↩︎
- El Devónico es un sistema y periodo de la escala temporal geológica que pertenece a la Era Paleozoica. Comenzó hace unos 419 millones de años y terminó hace unos 359 millones de años.
Durante el Devónico, las primeras plantas con semilla se extienden sobre tierra firme, formando enormes bosques.
Devónico. (11 de diciembre 2024). Wikipedia, la enciclopedia libre. Fecha de consulta: 26 de diciembre de 2024. ↩︎ - Jesús Muñoz (2023). Página 23. Guía de campo: briófitos de los bosques ibéricos. Editorial CSIC. Fecha de consulta: 26 de diciembre de 2024. ↩︎
- Una red trófica, red alimentaria o un ciclo alimenticio es la interconexión natural de las cadenas alimenticias y generalmente es una representación gráfica de quién se come a quién en una comunidad ecológica.
Red trófica. (15 de agosto de 2024). Wikipedia, la enciclopedia libre. Fecha de consulta: 2 de enero de 2025. ↩︎ - Los rotíferos son animales acuáticos microscópicos que pertenecen al filo Rotifera. Reciben su nombre por las coronas de cilios situadas en su cabeza: una estructura característica utilizada tanto para desplazarse como para recopilar partículas de alimentos.
Chloé Savard (5 de octubre de 2023). «Rotíferos: Una introducción al mundo microscópico de los rotíferos». Discovery Blog. Evident. ↩︎ - Los colémbolos son una clase de artrópodos hexápodos cercana a los insectos, y a veces se les clasifica dentro de ellos. Son animales diminutos, ubicuos, que ocupan todos los continentes (incluso la Antártida). Son, probablemente, los hexápodos más numerosos de la Tierra: hasta 15,320 colémbolos/m2. Habitan ambientes húmedos.
Collembola. (30 de diciembre de 2024). Wikipedia, la enciclopedia libre. Fecha de consulta: 3 de enero de 2025. ↩︎ - Los pseudoescorpiones o seudoescorpiones son un orden de diminutos arácnidos, cuyos pedipalpos recuerdan a los de los escorpiones. Sin embargo, no pertenecen al mismo orden, pues carecen de «cola» (metasoma) y de aguijón venenoso.
En general, los pseudoescorpiones son beneficiosos para el ser humano, ya que se alimentan de larvas de la polilla de la ropa, larvas del escarabajo de las alfombras, del piojo de los libros, hormigas, ácaros y pequeñas moscas.
Pseudoscorpionida. (16 de diciembre de 2024). Wikipedia, la enciclopedia libre. Fecha de consulta: 4 de enero de 2025. ↩︎ - Los protozoos o protozoarios son organismos microscópicos y unicelulares. Viven en ambientes húmedos o en medios acuáticos, ya sean aguas saladas o aguas dulces, y como parásitos de otros seres vivos.
Protozoo. (28 de diciembre de 2024). Wikipedia, la enciclopedia libre. Fecha de consulta: 5 de enero de 2025. ↩︎ - Los tardígrados, llamados comúnmente osos de agua, constituyen un filo de ecdisozoos dentro del reino animal, caracterizado por ser invertebrados, protóstomos, segmentados y microscópicos (de 500 µm de media).
Los osos de agua son organismos extremófilos (resistentes a condiciones extremas), con características únicas en el reino animal, como poder sobrevivir en el vacío del espacio o soportar presiones muy altas. Sobreviven a temperaturas de -200 °C y hasta los 150 °C, a la deshidratación prolongada (pueden pasar hasta 10 años sin obtener agua) o a la radiación ionizante.
Tardigrada. (2 de enero de 2025). Wikipedia, la enciclopedia libre. Fecha de consulta: 3 de enero de 2025. ↩︎ - Los nematodos, también conocidos como nematelmintos, son un filo de vermes seudocelomados. Se conocen vulgarmente como gusanos redondos o gusanos cilíndricos debido a la forma de su cuerpo en un corte transversal.
Nematoda. (18 de noviembre de 2024). Wikipedia, la enciclopedia libre. Fecha de consulta: 4 de enero de 2025. ↩︎ - Epífito, epífita: Dicho de un vegetal, que vive sobre otra planta, sin alimentarse a expensas de esta; p. ej., los musgos y líquenes.
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8 en línea]. Fecha de la consulta: 3 de enero de 2025. ↩︎ - Las lenticelas son formaciones con función respiratoria con forma de aberturas lenticulares, que se encuentran en la superficie de tallos, raíces y, más raramente, pecíolos y frutos, de muchas plantas gimnospermas y dicotiledóneas.
Lenticela. (11 de octubre de 2024). Wikipedia, la enciclopedia libre. Fecha de consulta: 5 de enero de 2025. ↩︎


